Aquí no yace ninguna vieja pose de caimán y lupanar, solo la noche defeca nubes violetas y focos naranjas. No hay caballos ni putas ni trago ni ropa inconsciente o no,
solo la noche absurda meando sobre el tiempo absuelto.
No se puede decir que la esfera ha dejado de entregar sus hendiduras, relucientes y pringosas ojos de culos misteriosos, solo la noche, pateando el cuerpo de excesivos cometas enterrados en aserrín.
Nada, ahí entre el nombre y la cosa, devorándolos, ahí también, el crepúsculo o la madrugada, difusos, abrigando el rostro de lo incierto.
Nada, esfera, nombre, ninguna vieja pose, solo la del vacío cuadricular, químicos corroyendo la carne, quinto elemento a punto de extinguirse…palabras y palabras, pequeñas contingencias rodeando el intestino grueso para solidificar el excremento con el corazón purificado, disolución en el sol, mezcla en el alambique lunático donde se busca la piedra filoníricosofal
Diagonalidad oblicua, laberinto, sombra, arena, luz…
Baldo y Maco borrachos.
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